Págs. 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 . 14 . 15 . 16 . 17 . 18 . 19 . 20 . 21 . 22 . 23 . 24 . 25 . 26 . 27 . 28 . 29 . 30 . 31 . 32 . index

Antecedentes europeos

De nuevo cuño, en extremo genérica y con paupérrima delimitación termodinámica -matriz de cualquier connotación ecosistémica-, la voz humedales traduce la inglesa wetland, la expresión francesa zone humide, la alemana Feuchtgebiet o el vocablo neogriego ügrotopos, hygrotopos, refiriendo de espacios (o más propiamente volúmenes) del territorio continental en los que se presenta una anomalía hídrica positiva, según Juan José Sanz Donaire.

La Ilíada ya posee una concepción positiva de estos espacios geográficos. Las concepciones indoeuropeas y mediterráneas se esconden tras ellos. La casi totalidad de los valores mediante los cuales hoy se pretende encumbrar a los humedales ya están presentes y explícitamente citados en la Ilíada, resultando el valor añadido actual poco menos que nulo.

En la concepción sistémica que alimenta la mayor parte de los modos de pensamiento científico actual, los humedales han de verse como sistemas metaestables (Sanz Donaire 1994), esto es: próximos a los umbrales del cambio, en los que una variación cuantitativa aparentemente menor produce cambios cualitativos de gran envergadura. Por lo que su importancia trasciende a la mera extensión de la higrocora.

Refiriendo de ls costas del Egeo Sanz Donaire acerca espléndidas descripciones y una breve nota de cómo y cuándo se producen las crecidas, una vez que las condiciones favorecen las tormentosas lluvias otoñales. Sólo recientemente se ha visto la relación existente entre las violentas lluvias y la estación otoñal, en el fenómeno que se ha denominado de “gota fría” (Capel Molina 1988).

Para que estos fenómenos de convergencia tengan lugar se ha de reunir toda una constelación de circunstancias: las temperaturas del mar han de ser suficientemente elevadas, lo que se produce preferentemente en el otoño, en el caso de un mar cerrado o de circulación restringida como es el Mediterráneo.

En segundo lugar se ha de observar determinada situación atmosférica en altura: existencia de una baja térmica, de un embolsamiento de aire frío que produzca un gradiente superadiabático respecto de la masa cálida marina sobre la que se instale.

Características catastróficas pueden llegar a provocar la cercanía a la costa de elevados relieves en varios alineamientos. Este factor determina el ascenso forzado de las masas de aire cálido y húmedo, que desembocará en las copiosas lluvias de otoño y en las peligrosas riadas o avenidas. Es etonces cuando los ríos se desbordan, abandonando el álveo o madre para inundar los campos, arrasándolos con las embravecidas y tumultuosas aguas salvajes. Estas condiciones se conjugan de preferencia en la orilla egea de las costas helénicas, y en mucha menor medida en las costas del Asia menor.

Culminación de las notas que estamos produciendo es la exclamación de altísima jerarquía a la que se asocia el agua, en la representación del Océano:

(39) “A éste (Zeus Cronida) no le igualan ni el fuerte Aqueloo, ni el grande y poderoso Océano de profunda corriente, del que nacen todos los ríos, todo el mar y todas las fuentes y grandes pozos” (XXI, 193-97).

Independientemente de la voluntad de divinizar las aguas, en el principio vivificador y de fertilidad, puede argüirse que ésta es una clara cita a la unidad de todas las aguas. Más que referirse a todas ellas por el común denominador del líquido elemento, pensamos que se trata de un antecedente que luego habrá de denominarse ciclo hidrológico.

Para que un humedal adquiera categoría debe desempeñar un papel hidrológico, biológico o ecológico especialmente representativo en el funcionamiento de una cuenca fluvial importante o en un sistema costero, especialmente si está en un área transfronteriza (a caballo entre dos países o estados)

De otros autores españoles

Los humedales son poco conocidos comparados con otros ambientes de la Naturaleza. La riqueza de especies es importante, pero todavía desconocida en gran parte. Faltan estudios cuantitativos sobre los humedales desde casi todos los puntos de vista de la ecología acuática. Y para ello es necesario dedicar mayores recursos, financieros, sobre todo, pero también de investigación.

Nuestro propósito es poner de manifiesto brevemente los conocimientos de que disponemos sobre la ecología de las zonas húmedas y –de paso– señalar las lagunas en su conocimiento científico.

De acuerdo con Sanz Donaire (2000), los humedales son «zonas de la superficie terrestre que muestran propiedades debidas al agua», mientras que para González Bernáldez (1992), un humedal sería «una anomalía hídrica positiva del terreno de suficiente tamaño y duración como para poseer comunidades biológicas diferentes de las de su entorno y que no es ni lago ni río».

A efectos prácticos, consideraremos «humedal» cualquier masa de agua estancada temporal o permanente de cualesquiera dimensiones y alimentada por flujos hídricos naturales.

Esta revisión es una introducción a la ecología de estos ecosistemas, donde se describen someramente los conocimientos actuales sobre ellos y se señalan las carencias de información. Otra característica notable es su variedad tipológica y el gran número de ellos de origen artificial.

Nos atrevemos a considerar la ecología de los humedales como la disciplina menos conocida de la Naturaleza, en la que queda mucho por hacer.

Los aspectos por los que actualmente se valoran más los humedales, son la flora y la fauna.

Una vez definido lo que se entiende por Humedal, se entra en la complicación de la clasificación de las mismas, tarea ardua, a la que se han dedicado varios autores. Juan José Sanz Donaire, Descriptive and functional wetland typology and classification, observatorio medioambiental, 3: 311-339. (2000b)

La importancia medioambiental de los humedales radica no solamente en su existencia como tal, aunque ello sea muy discutible desde un punto de vista científico, sino en su poder de atracción para las aves acuáticas (ROBLEDANO AYMERICH 1992) y migratorias (AMIGOS DE LA TIERRA 1997). La relación directa existente entre los humedales y las aves no es ya punto de discusión, sino comúnmente aceptada y existen varios programas de protección para ellos (existen estudios de humedales financiados por instituciones para el estudio de las aves acuáticas, SCOTT et al. 1986).

Así se da la curiosidad que los humedales no se protegen, ni tienen valoración medioambiental como tales, si no se les valora en función de su importancia para las aves (AMAT et al. 1985, BALLARÍN IRIBARREN 1985) y la protección más común es la de «Zona de Especial Protección para las Aves». Ello puede derivar en atracción turística ya que «el medioambiente no sólo es un valor en alza de las preferencias de los turistas, sino que se trata también de un atributo de primera magnitud en la calificación de un destino» (PRADOS 2001).

Deberíamos superar el concepto excesivamente localizado a la supervivencia de aves acuáticas, para ampliarse a campos ambientales más extensos. JJSD

Desde un punto de vista geomorfológico, la existencia de los humedales depende de varios factores que son el relieve -hondonadas o planos horizontales dónde se acumula el agua- y el material (impermeable), fundamentalmente Frank Babinger La creciente importancia medioambiental de los humedales... (SANZ DONAIRE et al. 1992).

En cuanto a la génesis, los humedales pueden tener origen tectónico (PÉREZ GONZÁLEZ et al. 2001), volcánico, kárstico, eólico (MANIGUET et al. 1994, SANZ DONAIRE et al. 1998), fluvial (ZIERHOLZ et al. 2001), glaciar (HEINE 2001), periglaciar (FRENCH et al. 2001), litoral (SANZ DONAIRE 1998b) e incluso orgánico (corrales) o mixtos (de las anteriores) (PÉREZ GONZÁLEZ 1989), lo que nos lleva otra vez al problema de su clasificación, esta vez desde el punto de vista de su origen y génesis. También habría que distinguir entre humedales interiores, continentales, endorréicos (PÉREZ GONZÁLEZ et al. 2001) y otros costeros (VIÑALS et al.1996), de mayor o menor influencia marina (BORDÁS VALLS et al. 1999).

Desde el punto de vista de la hidrología (CUSTODIO et al. 1983, MARGALEF 1983, LLAMAS 1992), se resalta la importancia de la cantidad, calidad (PEINADO MARTÍN-MONTALVO 1989) y, sobre todo, procedencia del agua, que puede ser de precipitación directa, de escorrentía superficial, hipodérmica o subterránea (OCTAVIO DE TOLEDO et al. 1976), del afloramiento del nivel freático o del mar.

Desde el punto de vista biológico, destaca el enfoque botánico (CIRUJANO BRACAMONTE et al. 1992) sobre la importancia de los nichos ecológicos que representan los humedales (CIRUJANO BRACAMONTE 1990, BORNETTE et al. 1998), el nivel de agua necesario (NEWBOLD et al. 1997), su característica de retención de nutrientes (DIESTER 1985, VADINEANU 2001) y los riesgos que corren, tanto antrópicos como naturales (COOK et al. 1996, TICKNER et al. 2001), aunque estos últimos suelen tener un origen antrópico.

Desde el punto de vista de la climatología, también existen numerosos trabajos que resaltan la importancia de los humedales en cuanto a la degradación que sufren (BORDÁS VALLS et al. 1999) o referidos al microclima que generan en su alrededor. Trabajos éstos, que se basan en la utilización de imágenes de satélite y teledetección para identificar los humedales (KOEHN et al. 1986, LUNETTA et al. 1999), clasificarlos (SADER et al. 1995) o resaltar su comportamiento térmico, detectar el contenido en sales y focos/entradas de aguas contaminadas (JENSEN et al. 1986, PÉREZ GONZÁLEZ, SÁNCHEZ PÉREZ DE ÉVORA, GARCÍA RODRÍGUEZ y SANZ DONAIRE 1999/2000). Otros autores combinan la teledetección con los sistemas de información geográfica (SADER et al. 1995, DEGIONANNI et al. 2001).

Además de estas características «físicas» se da una estrecha relación con la agricultura y ello, desde varios puntos de vista. Para la agricultura, los hume- dales han sido siempre un estorbo, ya que no se podía cultivar en estas áreas encharcadas, lo que, en muchos casos, ha llevado a la simple desecación de las mismas. Hecho esto, el agricultor se encontraba con el siguiente problema, que es la alta salinidad de estas zonas, característica típica de los humedales que impiden la gran mayoría de los cultivos. Hoy en día, las cosas han cambiado y, siempre debajo del manto medioambiental, se valoran más las aves que la agricultura, por lo que se intentan recuperar gran parte de los antiguos humedales. Estas aves, hoy tan cotizadas en la sociedad ecológica en la que pretendemos vivir, presentan una problemática añadida para el agricultor, ya que comen las semillas de los campos cultivados. Pero tampoco debe preocuparse de ello, ya que hoy se le pagan subvenciones, a fin de cultivar para... las aves. Se cultivan campos enteros para que las aves migratorias encuentren comida.

 

Functional Analysis of European Wetland Ecosystems, FAEWE procedures

Las funciones hidrológicas que pueden desempeñar los Humedales Ribereños se advierten : en relación con las avenidas; en relación con la recarga de agua subterránea, en relación con la descarga de aguas subterráneas y como generación de flujos superficiales.

Sus funciones no son constantes ni en el tiempo ni en el espacio y deben estar referidos a un momento determinado y a una zona específica

Sin embargo, su acumulación y transferencias de energías convectivas, es permanente, Tan permanente como los flujos de los cursos de agua a los que asiste con esas energías que captura del sol. FJA

 

Antecedentes norteamericanos  

Ver /humedal4.html y /humedal5.html

Wetland regulation is a complex topic. There are a myriad of laws designed to protect wetlands. There are also sometimes overlapping authorities given to different government entities. Some of these entities use slightly different wetland definitions. With so many laws, regulatory entities, and wetland definitions, determining who has jurisdiction over a specific wetland or activity and what procedures must be followed can be confusing. The following section attempts to explain the regulatory processes most individuals and organizations are likely to encounter.

Because land resources are limited and the demand being placed on them is always increasing, it is inevitable that some human activities will negatively affect wetlands. Recognizing the importance of wetlands, both federal and state governments have established regulatory measures to help protect these resources. As a result, if a proposed activity is likely to result in an adverse impact to a wetland, certain procedures must be followed.

Perhaps the most notable feature of federal wetland protection policy today is that there is no specific, comprehensive national wetland law. As a result, jurisdiction for wetland protection is spread over several agencies and federal wetland protection is not as effective or cohesive as it could be.

Federal, state, and local government regulatory, or permitting, programs are essential tools in the nationwide effort to protect wetlands. While essential, current programs do not, in most cases, provide sufficient protection. Regulatory programs typically include thresholds of applicability, allowing destruction of small wetlands or small portions of larger wetlands. They often contain loopholes, such as allowing direct drainage or excavation of wetlands provided none of the spoil material is placed in the wetland. Programs almost universally fail to address activities in surrounding areas which can lead to wetland degradation, such as diversion of surface or ground water inputs (see Wetland Loss and Degradation section ). Almost all regulatory programs contain exemption categories for many agricultural, silvicultural, and sometimes mining activities. Regulatory programs are typically vulnerable to economic arguments for allowing development of wetlands, and often rely on the safety net of mitigation to offset wetland losses or degradation. Yet the technology and reliability of wetland mitigation lags well behind the expectations placed on it (see Wetland Mitigation section). In a larger perspective, regulatory programs are the reactive, compulsory arm of wetland protection, and can only provide partial protection in the long run.

Despite the efforts of regulatory programs and private conservation organizations, degradation and destruction of wetlands will continue unless offset by additional protection approaches. Approaches needed to achieve comprehensive wetland protection must be proactive, far-sighted, planned strategies that utilize positive motivation to succeed long-term. These can be grouped by type of approach: incentive/disincentive; acquisition/legal restriction; restoration; and others, including policy statements, educational efforts, and inventories. Each has its advantages and disadvantages, and all are needed to effectively protect wetlands. For example, regulatory programs are essential for basic wetland protection and for recourse when detrimental impacts occur. Incentive/disincentive programs provide wetland property owners with a reason to protect wetlands without requiring an enforcement presence. But incentive programs tend to apply only to certain land use activities, and incentive mechanisms can become less compelling over time as economic forces change. Acquisition greatly increases the likelihood of minimizing detrimental impacts to wetlands, as do legal restrictions short of acquisition, depending on their design. But acquisition and some legal restrictions provide limited coverage because of funding constraints, and some legal restrictions require active enforcement. Restoration is important for correcting historical damages, but should be coupled with legal protections and, again, is invariably limited by funding. Policy support and educational efforts are essential in the long run, but are inadequate without favorable economics or enforceable authority. Thus, a combination of these approaches is essential for the effective short- and long-term protection of wetlands.

Many opportunities exist for private citizens and corporations to assist federal, state and local government agencies in slowing the rate of wetland loss and improving the quality of the nation's remaining wetlands. Individual landowners and corporations own the majority (75%) of the nation's wetlands: they are in a key position to determine the fate of wetlands on their properties (USEPA 1995).

The following is a synopsis of federal, state, and local wetland regulatory efforts, along with discussion of existing and potential non-regulatory programs that can also support wetland protection in the United States.

FEDERAL WETLAND REGULATION

Section 404 of the Clean Water Act

Significant protection of wetlands as integral and essential parts of the nation's waters began with the 1972 Federal Water Pollution Control Act, now commonly referred to as the Clean Water Act (CWA), and continued through amendments to the Act passed in 1977. Section 404 of the 1972 Act establishes the major federal program regulating activities in wetlands, and the 1977 Amendments significantly expand on the design of the Section 404 program, including exemption categories, the option of delegation of the 404 program to states, and enforcement powers.

Section 404, jointly administered by the U.S. Army Corps of Engineers (Corps) and the U.S. Environmental Protection Agency (EPA), regulates the discharge of dredged or fill material into "waters of the United States," which include wetlands. Discharge of dredged or fill material requires a permit from the Corps based on regulatory guidelines developed in conjunction with EPA (pursuant to Section 404(b)(1)). Failure to obtain a permit or comply with the terms of a permit can result in civil and/or criminal penalties. Under Section 404(c), the Administrator of the EPA may prohibit or restrict the use of any defined area as a disposal site if it is determined that the discharge may cause unacceptable adverse effects on municipal water supplies, wildlife, shellfish beds and fishery areas, or recreational areas. This section is referred to as EPA's "veto authority." Parties intending to discharge material into waters of the U.S. must obtain an individual permit or be covered under a general permit issued by the Corps. Effective 9/93, not only the discharge is regulated under 404

 

The Clean Water Act is a 1977 amendment to the Federal Water Pollution Control Act of 1972, which set the basic structure for regulating discharges of pollutants to waters of the United States.

Section 404 - establishes a program to regulate the discharge of dredged and fill material into waters of the United States, including wetlands.

Section 403 - Ocean Discharge Criteria

Section 402 - National Pollutant Discharge Elimination System

Section 401 - State Certification of Water Quality

Section 309 - Federal Enforcement Authority

Section 308 - Inspections, Monitoring, Entry

Section 502 - General Definitions

Rivers & Harbors Act of 1899 - establishes a program to regulate activities affecting navigation in United States waters, including wetlands

Coastal Wetlands Planning, Protection & Restoration Act (CWPPRA)

North American Wetlands Conservation Act (NAWCA)

Clean Water Act, Section 502 - General Definitions

(1) The term "State water pollution control agency" means the State agency designated by the Governor having responsibility for enforcing State laws relating to the abatement of pollution.

(2) The term "interstate agency" means an agency of two or more States established by or pursuant to an agreement or compact approved by the Congress, or any other agency of two or more States, having substantial powers or duties pertaining to the control of pollution as determined and approved by the Administrator.

(3) The term "State" means a State, the District of Columbia, the Commonwealth of Puerto Rico, the Virgin Islands, Guam, American Samoa, the Commonwealth of the Northern Mariana Islands, and the Trust Territory of the Pacific Islands.

(4) The term "municipality" means a city, town, borough, county, parish, district, association, or other public body created by or pursuant to State law and having jurisdiction over disposal of sewage, industrial wastes, or other wastes, or an Indian tribe or an authorized Indian tribal organization, or a designated and approved management agency under section 1288 of this title.

(5) The term "person" means an individual, corporation, partnership, association, State, municipality, commission, or political subdivision of a State, or any interstate body.

(6) The term "pollutant" means dredged spoil, solid waste, incinerator residue, sewage, garbage, sewage sludge, munitions, chemical wastes, biological materials, radioactive materials, heat, wrecked or discarded equipment, rock, sand, cellar dirt and industrial, municipal, and agricultural waste discharged into water.

This term does not mean (A) "sewage from vessels" within the meaning of section 1322 of this title; or (B) water, gas, or other material which is injected into a well to facilitate production of oil or gas, or water derived in association with oil or gas production and disposed of in a well, if the well used either to facilitate production or for disposal purposes is approved by authority of the State in which the well is located, and if such State determines that such injection or disposal will not result in the degradation of ground or surface water resources.

(7) The term "navigable waters" means the waters of the United States, including the territorial seas.

(8) The term "territorial seas" means the belt of the seas measured from the line of ordinary low water along that portion of the coast which is in direct contact with the open sea and the line marking the seaward limit of inland waters, and extending seaward a distance of three miles.

(9) The term "contiguous zone" means the entire zone established or to be established by the United States under article 24 of the Convention of the Territorial Sea and the Contiguous Zone.

(10) The term "ocean" means any portion of the high seas beyond the contiguous zone.

(11) The term "effluent limitation" means any restriction established by a State or the Administrator on quantities, rates, and concentrations of chemical, physical, biological, and other constituents which are discharged from point sources into navigable waters, the waters of the contiguous zone, or the ocean, including schedules of compliance.

(12) The term "discharge of a pollutant" and the term "discharge of pollutants" each means (A) any addition of any pollutant to navigable waters from any point source, (B) any addition of any pollutant to the waters of the contiguous zone or the ocean from any point source other than a vessel or other floating craft.

(13) The term "toxic pollutant" means those pollutants, or combinations of pollutants, including disease-causing agents, which after discharge and upon exposure, ingestion, inhalation or assimilation into any organism, either directly from the environment or indirectly by ingestion through food chains, will, on the basis of information available to the Administrator, cause death, disease, behavioral abnormalities, cancer, genetic mutations, physiological malfunctions (including malfunctions in reproduction) or physical deformations, in such organisms or their offspring.

(14) The term "point source" means any discernible, confined and discrete conveyance, including but not limited to any pipe, ditch, channel, tunnel, conduit, well, discrete fissure, container, rolling stock, concentrated animal feeding operation, or vessel or other floating craft, from which pollutants are or may be discharged. This term does not include agricultural stormwater discharges and return flows from irrigated agriculture.

(15) The term "biological monitoring" shall mean the determination of the effects on aquatic life, including accumulation of pollutants in tissue, in receiving waters due to the discharge of pollutants (A) by techniques and procedures, including sampling of organisms representative of appropriate levels of the food chain appropriate to the volume and the physical, chemical, and biological characteristics of the effluent, and (B) at appropriate frequencies and locations.

(16) The term "discharge" when used without qualification includes a discharge of a pollutant, and a discharge of pollutants.

(17) The term "schedule of compliance" means a schedule of remedial measures including an enforceable sequence of actions or operations leading to compliance with an effluent limitation, other limitation, prohibition, or standard.

(18) The term "industrial user" means those industries identified in the Standard Industrial Classification Manual, Bureau of the Budget, 1967, as amended and supplemented, under the category of "Division D - Manufacturing" and such other classes of significant waste producers as, by regulation, the Administrator deems appropriate.

(19) The term "pollution" means the man-made or man-induced alteration of the chemical, physical, biological, and radiological integrity of water.

(20) The term "medical waste" means isolation wastes; infectious agents; human blood and blood products; pathological wastes; sharps; body parts; contaminated bedding; surgical wastes and potentially contaminated laboratory wastes; dialysis wastes; and such additional medical items as the Administrator shall prescribe by regulation.

 

Table 7. Methods of altering wetlands
[Source: The Conservation Foundation, 1988, p. 15]

PHYSICAL

Filling

adding any material to raise the bottom level of a wetland or to replace the wetland with dry land

 

Draining

removing the water from a wetland by ditching, tiling, pumping, and so forth

 

Excavating

dredging and removing soil and vegetation from a wetland

 

Diverting water away

preventing the flow of water into a wetland by removing water upstream, lowering lake levels, or lowering ground-water tables

 

Clearing

removing vegetation by burning, digging, application of herbicide, scraping, mowing, or otherwise cutting

 

Flooding

raising water levels, either behind dams, by pumping, or otherwise channeling water into a wetland

 

Diverting or withholding sediment

trapping sediment by constructing dams, channels, or other types of projects, thereby inhibiting wetland regeneration in natural deposition areas such as deltas

 

Shading

placing pile-supported platforms or bridges over wetlands, causing vegetation to die because of a lack of adequate sunlight

 

Conducting activities in adjacent areas

disrupting the interactions between wetlands and adjacent land areas, or incidentally affecting wetlands through activities at adjoining sites

 

CHEMICAL

Changing nutrient levels

increasing or decreasing nutrient levels within the local water and or soil system, forcing wetland plant community changes

 

Introducing toxics

adding toxic compounds to a wetland either intentionally (for example, herbicide treatment to reduce vegetation) or unintentionally, adversely affecting wetland plants and animals

 

BIOLOGICAL

Grazing

consumption and compaction of vegetation by domestic or wild animals

 

Disrupting natural populations

reducing populations of existing species, introducing exotic species, or otherwise disturbing resident organisms

 

Executive Orders 11988, Floodplain Management, and 11990, Protection of Wetlands, were signed by President Carter in 1977.

The Clinton administration has proposed revising Executive Order 11990 to direct Federal agencies to consider wetland protection and restoration planning in the larger scale watershed/ecosystem context.

 

THE REASONS FOR FEDERAL INVOLVEMENT IN WETLAND RESEARCH

Wetlands are part of the entire physical landscape, from river headwaters to the sea.

What happens to wetlands in one State can affect wetland activities, benefits, and uses in another State.

International treaties-The benefits and uses of wetlands are the subject of international treaties, such as the Ramsar Convention of 1971 and the Migratory Bird Treaty

Congress may determine that there is a national interest that justifies Federal agency research

Research categories also were identified by the Inventory and Database. These categories were defined by the subject of the wetland research being conducted, and were listed in five topical areas:

  1. Wetland processes-Research to address factors that affect the type, location, size, and functions of wetlands.
  2. Wetland functions-Research to determine the role wetlands play and the benefits they provide.
  3. Human-induced stresses- Research to improve ways of detecting or quantifying the effects of stress on wetlands, or of determining stress thresholds of wetlands.
  4. Wetland delineation and identification-Research on methods and techniques to identify wetlands and delineate wetland boundaries.
  5. Management-Research to develop tools and technologies to maintain, restore, and construct wetlands.

In addition to distinguishing the type of research, it also is useful to distinguish the type of wetland being studied. Because ecological processes and functions differ with the type of wetland, research needs and techniques also differ. Disappearing coastal and bottom-land hardwood wetlands are among the major areas of research.

Figure 43 shows Federal expenditures for research on different types of wetlands. (See article Wetland Definitions and Classification in the Conterminous United States" for an explanation of wetland types.)

Federal wetland research is conducted throughout the Nation. Twelve agencies listed in the Wetland Research Subcommittee's report and discussed below have wetland research expenditures of $1 million or more.

Wetland research activities in the Department of the Interior relate to its responsibilities as the primary steward of America's natural resources. The Department of the Interior performs basic scientific research on wetland processes and functions and applied focused research on human-induced stresses, delineation and identification, and management of wetlands.

Research focuses on improved methods and tools for identifying and delineating different wetland types.

 

 

Antecedentes mejicanos

De paraíso a chiquero

Acapulco: corrupción pasa la factura

Salinas, Ruiz Massieu, Fernández de Cevallos, Azcárraga, presuntos culpables

Marcela Turati / Proceso/Fotos: Agencias . 22/9/13

http://www.noticiasnet.mx/portal/oaxaca/171592-acapulco-corrupcion-pasa-factura

ACAPULCO, GRO., 21 de septiembre.- En el video se ve un cocodrilo avanzando sobre aguas fangosas. Se sabe cercado por humanos. En el intento de someterlo, un hombre le avienta una soga en forma de horca, pero falla. Otro le arroja una cobija roja que despierta su ira. Al fondo se ve que uno más lo espera con un tubo en la mano. Cuando otro más se le acerca, el lagarto se resbala, se tambalea, se reincorpora con dificultad por su falta de costumbre de caminar sobre banquetas.

El espécimen que se salvó de la encobijada apareció después en las noticias. “Lo amarraron con varias playeras, así salió en la televisión”, cuenta divertido Sixto López, uno de los acapulqueños que repite esa que parece ser la única nota divertida tras el paso del ciclón Manuel, que sumergió media ciudad.

Como si no bastaran la veintena de muertes que causó, los miles de damnificados hacinados en los albergues, los 40 mil turistas varados que buscan regresar a casa, la escasez de agua potable y el exceso de agua putrefacta, el aumento de los precios de los alimentos, el hambre en las colonias afectadas, las diarreas que ya aparecen en los niños, los acapulqueños tienen una preocupación más que sumar a su tragedia.

Nuevos inquilinos aparecieron en la parte más joven de la ciudad. Cocodrilos y culebras que nadan sueltos por su nuevo estanque. Ríos crecidos que trazan calles a mitad de fraccionamientos. Pantanales que invadieron unidades habitacionales y cuyos lodos saturados no permiten a sus antiguos inquilinos abrir siquiera la puerta. Aves lacustres que vuelan sobre las zonas de desastre y se posan en los techos (hay quienes aseguran haber visto garzas). Humanos convertidos en anfibios –medio cuerpo seco, la otra mitad en el agua– rescatan sus pertenencias.

De pronto la profecía parece haberse cumplido: Acapulco, haciendo honor al significado de su nombre, vuelve a ser lugar de las cañas en el lodo, de los carrizales destruidos. No por nada en su escudo lleva unos carrizos rotos.

Si, según el mito fundacional de este puerto, Quetzalcóatl envió una nube destructora como venganza por una traición, parece que esta vez envió un ciclón para recuperar los terrenos arrebatados por gobernantes corruptos y desarrolladores codiciosos que, para atraer turismo, construyeron en zonas donde el sentido común no las permitiría.

Ahora los turistas huyen en estampida

Quetzalcóatl-Manuel se ensañó con dos regiones: la Zona Diamante, expropiada durante el salinato para construir lujosos hoteles y condominios para el turismo high class, y Llano Largo, un pantanal rellenado durante los últimos 10 años sobre el que las inmobiliarias construyeron miles de viviendas “de interés social”.

“La naturaleza nos ha cobrado su factura. Ahora a ver si Enrique Peña Nieto le va a cobrar la factura a los desarrolladores y a los exfuncionarios que lo permitieron, aunque la ley indica que esos delitos prescribieron”, dice Ramiro Gómez Pardillo, uno de los directivos del Consejo Ciudadano de Acapulco.

El empresario ecologista extiende en la mesa el mapa urbano de Acapulco y muestra cómo el manchón de cemento obstruye los cuatro arroyos que antes eran paso natural del agua que bajaba de la zona montañosa del Parque Nacional El Veladero hacia el río La Sabana y la desembocadura al mar. En medio están ubicadas las lagunas Negra y Tres Picos.

La construcción sobre humedales es tan reciente que el fango con olor a podrido salpica a muchos políticos y empresarios en activo. En la entrevista salen a relucir los apellidos Salinas de Gortari, Ruiz Massieu, Torreblanca, Aguirre Rivero, Azcárraga, López Rosas, Salgado Macedonio, Añorve, Mijangos. También nombres de inmobiliarias como Geo, Homex y Ara.

Identifica al expresidente Carlos Salinas de Gortari y al entonces gobernador Francisco Ruiz Massieu (padre de la actual secretaria de Turismo) como los promotores del desarrollo de la zona expropiada para su comercialización.

Apunta con el dedo el CostCo, sobre el Boulevard de las Naciones, donde no por casualidad la semana pasada proliferaron las personas-anfibias que con medio cuerpo en el agua, como gambusinos en busca de oro, van palpando con el pie, centímetro a centímetro, para detectar algún tesoro escondido.

“Encontré este bote de leche”, anunciaba contenta Azucena Olmedo el miércoles 18 afuera de la tienda saqueada. Ya fuimos al mercado, a Puerto Marqués, a la glorieta y no dan nada. Si no tuviéramos hambre ¿usted cree que estaríamos aquí?”, dice el viejo Gaudencio Hernández al salir del agua.

Muchos vinieron de colonias que no sufrieron estragos pero donde todos ganan dinero en la playa.

“Al menos déjennos sacar la comida mojada”, grita Gloria Sabaneta a los soldados que llegan a retirar el bloqueo. Esta madre soltera dice que su familia no se ha alimentado porque no ha podido hacer trencitas en la playa.

 

De paraíso a chiquero

En tiempos de la Corona española las calles de Acapulco ya tenían su ordenamiento urbano. Por siglos fue paraíso de unos pocos hasta que el presidente Calles decidió convertir este puerto en destino turístico. Durante los sexenios de Echeverría y López Portillo la ciudad parecía sucursal de Hollywood. El primero que se saltó el ordenamiento de respetar la vista panorámica fue el empresario Emilio Azcárraga, con la construcción del Hotel Ritz. La zona costera no tardó en desarrollarse.

En la década de los noventa la dupla Salinas de Gortari-Ruiz Massieu puso la mirada en la Zona Diamante, lugar de manglares que rompen olas, apacibles lagunas, pantanos que controlan el paso del agua y desembocadura de ríos, y en cuya punta, sobre terrenos elevados y rocosos, Diego Fernández de Cevallos adquirió valiosos terrenos.

En ese tiempo se construyó el Boulevard de las Naciones, con rumbo al aeropuerto, a pesar de que Gómez Pardillo, también presidente de la organización Protección Ecológica Subacuática, señala que desde que era niño la vereda se inundaba hasta con lluvias leves. Su hijo, el ingeniero ambientalista Ramiro Salvador Gómez Villerías, explica que los humedales son ecosistemas pantanosos diseñados para permanecer inundados por largo tiempo.

 

LA ODISEA

Una pareja joven pasa por el camino improvisado por los lugareños para cruzar el fraccionamiento y revisar sus pertenencias. El hombre lleva un portabebés. La mujer llora. En cuanto ve periodistas comienza a gritar su tragedia, como choqueada, pero sin detenerse:

“Digan que no es cierto que el Ejército vino a rescatarnos. Lo dijeron en las noticias y no es verdad… tres días atrapados… sin agua… sin familia…

La constructora construyó una cisterna que medio abastece de agua. Y un día que el río amenazaba con meterse levantó una barda para disuadirlo. Pero ya durante las fiestas patrias no hubo manera de domar a esas aguas, que llegaron a recuperar su camino y ahora corren alborotadas a media calle, por donde les da la gana.

“Aquí hay muchos intereses del municipio, que da permisos, y corrupción de las constructoras”, se escucha decir a la mujer que continúa hablando sola.

Como el municipio nunca dotó al fraccionamiento de agua, tampoco esperan de éste la maquinaria. Pedirán ayuda a la empresa que los engañó al venderles esas casas, pero por ahora no tienen dónde reclamar porque sus oficinas también están sepultadas.

Gómez Pardillo muestra la copia del acuerdo firmado por el Cabildo en agosto de 2001, cuando Zeferino Torreblanca era presidente municipal, que abrió paso a las construcciones sobre humedales sin respetar cauces de río ni el plan rector elaborado después de la tragedia provocada por Paulina, un huracán que, por cierto, dañó la casa de los Ruiz Massieu.

El ecologista señala como directo responsable del negocio criminal a Jorge Octavio Mijangos Borja (de quien dice es protegido por la familia Díaz Ordaz), que de 1997 a 2010 representó a la Conagua, la dependencia encargada de supervisar que no se construyera sobre los cauces de ríos.

“A Ángel Aguirre le tocó Paulina, fue en la presidencia de Zedillo, cuando se autorizó el plan rector de desarrollo urbano para que no volviera ocurrir algo así. Posteriormente llega Zeferino Torreblanca, que como gobernador tenía el poder político para frenar las obras, pero durante su sexenio se autorizaron. Podrá decir que no tenía conocimiento pero queda en duda (…) ”, dice mientras enseña una fotografía del lugar.

Gómez Pardillo no sólo señala al expresidente y a su socio. Incluye a los presidentes municipales de los últimos años (Zeferino Torreblanca, Alberto López Rosas, Félix Salgado, Manuel Añorve), a los gobernadores, los titulares de la Semarnat, la Profepa y la Conagua, y al delegado Mijangos.­

Ahora que Manuel destrozó media ciudad y mató a 18 personas, comenzó el salpicadero entre la clase política.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, aventó la primera piedra al señalar que se construye en zonas prohibidas. Aguirre Rivero mencionó los “negocios políticos” y la corrupción como causa. La misma tónica de culpar a la corrupción siguieron el alcalde Luis Walton, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, y el titular de la Conagua, David Kopelfred, lo mismo que su antecesor, el panista José Luis Luege.

  

Perder cabeza y paciencia

“No vuelvo a Acapulco”, grita enojada una comerciante de Tepito con cuatro hijos, después de 17 horas bajo el sol, durmiendo sobre las maletas, cuando ve que los turistas VIP abordan los aviones militares sin formarse.

“Ya estuvo bueno. Los gringos tomando sus cervezas y a nosotros nos dan puras pencas de plátano”, dijo la señora Guillermina Herrera, quien lideraba una excursión de 40 turistas, a los que el Hotel Aca Sol y Mar echó de las habitaciones por falta de pago.

En las noches sigue lloviendo. Al parecer Quetzalcóatl no ha terminado su venganza. De los cocodrilos sueltos a sus anchas como si hubieran regresado a sus viejos pantanos, no se volvió a saber nada.

 

Desarrollo mayores precisiones técnicas y legales en las páginas que siguen.

Ver "humedales" en planicie intermareal y brazo interdeltario . 1 .

"humedales al uso nostro" . 2 . . . Ver criterios legales provinciales . 3

ver criterios norteamericanos . 4 . 5 . 6 . 7 . . . ¿sustentables? ver 3 textos . 8

Wetlands=humedales . 9 . 10 . . . a las fragilidades de la memoria . 11

Reconocimiento . 12 . . . humedales del Luján en Escobar . 13 . . .

Proyecto Ley de Humedales 14 . 15 . 16 . 17 . 18 .

Propuesta . 23 .

Nueva propuesta 19 . 20 . 25 . 26 . 27 . 28 . 29 . 30 . 31 . 32 .

cartas doc al Gobernador . 21 . . . nueva salida para el Luján . 22 . 24 . .

index a una ley de humedales . .

El capítulo sobre las salidas del Luján reconocen en la página http://www.muertesdelaliviador.com.ar importantes novedades. Que también encuentran correlato en las causas D 412/2013 en CSJN y I 72832 en SCJPBA visibles por http://www.hidroensc.com.ar/cortemr7.html e /incorte122.html